DEJARSE MIRAR POR DIOS

La vida contemplativa, es “DEJARSE MIRAR POR DIOS” bellas palabras que resuenan en el corazón. Dejarse mirar por Dios, cuando siempre pensé que contemplar era pararse , mirar fijamente algo, en silencio, disfrutando de ello, pero…también contemplar es DEJARSE MIRAR POR DIOS…Esto es la vida Contemplativa, sentir esa mirada fija en ti, saber que Dios te mira a través, de las personas, de los acontecimientos, de la naturaleza, de cada cosa. Admirar y contemplar tanta belleza, y ahí es donde está Dios.

Dejarse mirar por Dios, dejarse Amar por Él. Dejar a Dios hablar en ti, en tu corazón. Que su Palabra salga de la boca después que Él nos la ha dado.

Contemplar en una perfecta y profunda mirada con Él, experimentando un “trato familiar y cordial” como así nos dice el P. Arintero.

Dejarnos mirar por Dios, alzando nuestra mirada para encontrarnos con la suya haciéndonos con Él una sola alma y un solo corazón.

Vivir la belleza de la contemplación perfecta, esta es la invitación que Santo Tomás nos hace. Tenemos una gran suerte en la que hemos recibido este gran regalo de Dios, y no podemos dejar que se nos escape, por eso debemos cuidar con ternura nuestra contemplación hasta hacerla tan perfecta como esa mirada de Dios hacia nosotras.

La perfecta contemplación la vamos a descubrir cuando la naturaleza que Dios pone ante nuestra mirada esta serena, sosegada, purificada y ordenada, dice Santo Tomás. Pues ahí en la naturaleza, en las plantas, flores, arboles, tierra, mar, cielo, aves…..en toda la Creación contemplamos la maravilla del Amor de Dios, en esa naturaleza que se nos regala, para descubrir en su paz en su belleza al mismo Dios.

La contemplación hay que buscarla con sincero corazón, y amarla. La contemplación siempre la encontraremos si nos ponemos bajo la mirada del Espíritu Santo, que es quien nos llevara hacia ella, quien nos acerca hacia esa mirada profunda del Padre, para acercarnos al Hijo. Ahí está nuestra contemplación vivida en la Santísima Trinidad


Contemplar y dar lo contemplado, uno de los lemas de la Orden de Predicadores, que Nuestro Padre Santo Domingo. No por mucho hablar se transmite más la contemplación, desde   la contemplación silenciosa, desde esa quietud, dar lo que la Palabra nos dice dentro de nosotros, orarla, desearla, estar a la escucha y aprender, así lo haría nuestro Padre Santo Domingo, en sus largas noches de oración, contemplaba en el silencio la Palabra, buscaba su Rostro, y allí Dios se hacía presente, un encuentro en el silencio y en la soledad, para después amanecido el día salir por los caminos lleno de Vida y alegría a Predicar el Evangelio.

El Maestro Eckart se hace una pregunta: ¿Cómo es la Palabra que debemos predicar? Y con plena convicción responde: La única Palabra que podemos predicar es la que ha nacido dentro nosotros, la Palabra que hemos recibido y hemos oído en la profundidad de nuestro ser. Dejémonos mirar por Dios, por la Luz de su Palabra, adentrarnos con Catalina de Siena en ese mar profundo donde conocerla más, amarla más, vivirla más, y Predicarla, porque acción y contemplación van unidas. Taulero también nos hace una bella invitación a vivir plenamente nuestra contemplación, vivirla en el Cristo Crucificado, dejarnos mirar por y abrazados por Él.

Felicidades para todos en este día Pro orantibus, donde la oración ,no solo es para   aquellos que hemos sentido la llamada a la vida contemplativa, si no para todos, pues todos podemos sentirnos contemplativos, todos somos contemplativos, si buscamos con VERDAD la mirada de Dios en nosotros.

 

Escribir comentario

Comentarios: 3
  • #1

    fraypedromaríaleon,o.p. (domingo, 26 mayo 2013 17:40)

    Trato de creer que Dios me mira y quiero creerlo a piejuntillas,ayudadme con vuestar oración.

  • #2

    María Isabel Ríos Monje (domingo, 09 junio 2013 06:38)

    Hay un paso aún más delicioso: dejarse seducir por Dios. Qué gratificantes son las palabras del profeta Jeremías: "Señor, me has seducido, y yo me he dejado seducir"

  • #3

    Replicas de relojes (sábado, 19 abril 2014 08:14)

    Y una vez más un cáncer nos arranca una vida de la Tierra, pero no nos la quita, esta enfermedad solo nos la ha acercado al cielo, al mismo corazón de Dios.